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¿Quién explota verdaderamente – el Estado o el mercado?

Autoren: Tobias O. R. Alke, D. Harald Alke · mit Claude (Anthropic)

Un punto de vista, no un artículo de enciclopedia. Este artículo es una toma de posición expresamente subjetiva – fechada en el año 2026 y con ello ligada a su tiempo. El saber de fondo asegurado y neutral se encuentra en el artículo de enciclopedia Colectivismo e individualismo. Aquí tomamos posición. Es una opinión, ninguna afirmación de hecho y ningún consejo.

En la enciclopedia, hemos descrito nuestra tercera vía: ni coacción colectiva ni egoísmo depredador, sino una prosocialidad voluntaria, individualmente responsable. Este artículo extrae de ello una consecuencia social – y corrige, al hacerlo, algo de nuestra propia visión anterior.

Una autocorrección de entrada

Los dos autores de este artículo – padre e hijo – han, en el pasado, adoptado en cierto modo una imagen unilateral en la que «el mercado» y «los grupos» aparecen como la principal fuente de explotación. Hoy, vemos ello de modo más diferenciado, y ello queremos decirlo abiertamente.

Si se lee exactamente la crítica de los grupos de Harald Alke, tomada de «Die Ethik des Neuen Menschen», algo emerge: su reproche no se aplicaba nunca a la iniciativa empresarial en cuanto tal, sino a los grupos cuyo «objetivo primero es el control, es decir el ejercicio del poder sobre las personas, sobre los Estados y sobre otras ramas de la economía». Ello, sin embargo, no es – desde el punto de vista actual – justamente ninguna característica de un mercado libre, sino de su contrario: de un entrelazamiento cercano al poder y a la política en el que economía y aparato estatal se encastran. Justamente este entrelazamiento fue descrito ya por el sociólogo C. W. Mills como la «power elite» – un colectivismo de un género propio que se camufla solamente de mercado.

La iniciativa empresarial verdadera no es explotación

Allí donde las personas intercambian voluntariamente, nadie explota. Un empresario verdadero crea valores que otros compran voluntariamente, porque les son útiles. Lo vemos en empresas como Tesla, SpaceX, BYD o Huawei: que se amen sus productos o no – ellas se disputan la libre decisión del cliente y deben entregar para sobrevivir. Es el orden natural y crecido del intercambio del que habla el artículo de enciclopedia.

Algo fundamentalmente distinto es un grupo que asegura su posición no en el mercado sino por medio de la proximidad política – con detentores de funciones en los rangos de dirección, con subvenciones, exigencias y cuotas que tienen a los concurrentes al margen. Aquí, se gana no en el intercambio libre, sino por medio del brazo extendido del Estado. Tales estructuras, las tenemos por problemáticas – no la iniciativa empresarial.

Dónde vemos la explotación verdadera

Desde nuestro punto de vista, la Alemania de 2026 no tiene desde hace largo tiempo más una economía de mercado verdaderamente libre. Cuanto más se interviene en el orden natural y libre – por medio de reglamentaciones, gravámenes, exigencias –, más nacen daños, y más fuertemente el intercambio económico como social cae en deliquescencia. El declive económico duradero, lo leemos como un síntoma de estas intervenciones.

Esta visión no es nueva. Friedrich August von Hayek la formuló pronto en «Der Weg zur Knechtschaft» y «Die Anmaßung von Wissen»: quien reemplaza el orden espontáneo del mercado por una planificación central destruye un saber que nadie puede poseer centralmente – y pavimenta, paso a paso, el camino hacia la coacción. También los estudios evaluados en el trabajo sobre el altruismo de Tobias Alke apuntan en la misma dirección: los sistemas organizados de modo colectivista son más inclinados al parasitismo, a la presión y al aplastamiento del individuo.

Y es justamente aquí que se encuentra, para nosotros, la verdadera asimetría de poder: es el Estado invasor el que – con cada vez más coacción en nombre del colectivo – oprime al individuo. Estas injerencias ávidas, las sentimos nosotros mismos. Si se prosigue esta vía más allá, amenaza, desde nuestro punto de vista, no un más de solidaridad, sino una tendencia cada vez más autoritaria que – si no es corregida – puede conducir a un colapso social.

Cuando el orden se convierte en normativización total

Una objeción que debemos hacernos a nosotros mismos: el orden económico europeo justamente no se entiende a sí mismo como colectivista. El ordoliberalismo —la escuela de pensamiento que está detrás de la economía social de mercado— rechaza expresamente colectivizar la sociedad y quiere fomentar el desarrollo individual. Se presenta con la pretensión de proteger al individuo.

A nuestro juicio esa pretensión se invierte en cuanto se convierte en burocratización de todos los ámbitos de la vida. Porque un aparato de normas vive de imponer normas: su razón de ser consiste en registrar la desviación e impedirla. Pero la desviación es precisamente el lugar donde se hacen visibles la individualidad y lo irrepetible, y donde nace lo nuevo. Quien lo normativiza todo de antemano protege al individuo en la intención y lo reprime en el efecto.

Así se llega, según nuestra lectura, al mismo patrón que describimos más abajo a propósito de Auguste Comte: la subordinación del individuo a un orden superior, sólo que esta vez no en nombre del amor al prójimo, sino en nombre de la regla. Ésta es nuestra interpretación y expresamente no una afirmación sobre intenciones ajenas: no atribuimos a nadie ese propósito. Describimos lo que a nuestro juicio ocurre de manera estructural.

De paso, esto resuelve una contradicción que se nos podría reprochar: cuando invocamos a Hayek, no invocamos el ordoliberalismo. La crítica de Hayek al «racionalismo constructivista» se dirigía también contra la confianza en el diseño de algunos de sus compañeros ordoliberales. Su vara de medir es el orden crecido, no el bienintencionado.

Líneas directrices en lugar de una manía reglamentaria

Un contraejemplo que podrá sorprender a muchos: lo vemos justamente en China. Con toda la crítica justificada del sistema político de allá – de la que aquí expresamente no se trata – un rasgo notable de su pilotaje económico nos emerge: el Estado fija grandes líneas directrices, pero deja ampliamente la puesta en obra concreta a las personas sobre el terreno y no reglamenta sino entonces, cuando problemas reales sobrevienen – y aun entonces solamente en el marco necesario.

No es solamente nuestra impresión. El sinólogo Sebastian Heilmann ha descrito este estilo como «experimentation under hierarchy»: el centro fija fines y líneas directrices generales, mientras que sobre el terreno se prueba pragmáticamente – un proceder que él opone deliberadamente al estilo político «legalista-burocrático» de Occidente. Es la vieja máxima «cruzar el río tanteando las piedras».

Europa y sobre todo Alemania hacen, desde nuestro punto de vista, lo contrario: reglamentan todo hasta la muerte, sin realizar mucho al resultado. Quien normaliza por anticipado cada posibilidad sofoca justamente la iniciativa propia de la que nace lo nuevo. Ello coincide con el hilo rojo del artículo de enciclopedia: cuanto más es decretado desde arriba, más el orden natural y crecido se desagrega (Laozi).

El castigo altruista: Robin Hood era un criminal

Mencionado en la enciclopedia: a Auguste Comte se remonta un concepto de altruismo que subordina al individuo a la necesidad por medio de la coacción a la masa. El «castigo altruista» económico (según Fehr/Gächter) no es, desde nuestro punto de vista, nada más que el brazo extendido de este modelo: él viste la coacción colectivista del traje de la economía y hace del castigo una virtud.

El símbolo de ello es Robin Hood. En el cuento, cuenta como un héroe, porque «toma a los ricos y da a los pobres». Sobriamente mirado, sin embargo, él es simplemente un criminal: alguien que toma por la fuerza lo que pertenece a otros, y transfigura moralmente su acto. Justamente esta transfiguración – la coacción como beneficio – la tenemos por el corazón del problema.

Una palabra sobre el debate climático

Un ejemplo afín es, para nosotros, el modo en que la política climática es a veces conducida: con un tono casi religioso y dogmático que excluye la contradicción. Desde nuestro punto de vista, ella ha con ello tomado rasgos de una «religión climática».

Importante, para que ningún malentendido nazca: no pretendemos en absoluto que la ciencia del clima esté refutada. Lo que ha cambiado es la interpretación extrema distópica. El peor escenario tomado durante años como «business as usual» (RCP8.5 o SSP5-8.5) fue, en 2026, oficialmente descartado como no plausible por los científicos responsables para el próximo informe del IPCC – un proceso que pasó ampliamente por la prensa internacional (Christian Science Monitor, The Conversation; contexto: Carbon Brief). Los escenarios de catástrofe más dramáticos cuentan con ello como irrealistas; la preocupación justificada de tratar el medio ambiente con cuidado (un tema central también en el trabajo de Harald Alke) queda intacta por ello. Nuestra crítica se aplica a la dogmática, no al cuidado.

El mercado armamentístico tampoco es un mercado libre

El ejemplo más claro de nuestra tesis procede de un ámbito que rara vez se discute como problema de mercado —y aquí queremos ser precisos sobre quién dijo qué—. El sociólogo C. Wright Mills describió en 1956 el entramado de política, economía y militares como la «élite del poder». La expresión «complejo militar-industrial», en cambio, la hizo célebre alguien muy distinto: Dwight D. Eisenhower —general de cinco estrellas, republicano, presidente saliente de Estados Unidos— advirtió en su discurso de despedida de 1961 precisamente contra esa formación y contra su «influencia indebida» sobre la política.

Suele leerse como una crítica al mercado. A nuestro juicio es lo contrario. La demanda armamentística no surge porque los clientes compren voluntariamente, sino porque la genera un Estado. Y donde las crisis crean la demanda, aparece la tentación de contribuir a que haya crisis. Que se hayan fabricado motivos de guerra no es una suposición, sino historia documentada: el incidente del Golfo de Tonkín de 1964 proporcionó el «cheque en blanco» para la guerra de Vietnam, y el relato en que se apoyaba no resistió el examen posterior. Tobias Alke elaboró esta conexión ya en «Bestrafung und Altruismus?» (2016), con la pregunta de quién está en realidad facultado para decidir cuando «las pruebas presentadas de un supuesto acto de agresión dejan contradicciones abiertas».

La Guerra Fría muestra el mismo patrón: bastó una amenaza meramente potencial para acumular durante décadas arsenales capaces de destruir muchas veces aquello que había que defender.

Dos límites, para que no se nos malinterprete. No afirmamos que las guerras se escenifiquen por regla general, y no nos pronunciamos sobre conflictos actuales: no estamos en condiciones de juzgarlos y este texto no es el lugar. Hablamos de casos históricos documentados. Y éste es un argumento sobre el orden de mercado, no una teoría sobre actores ocultos: nuestra afirmación es estrecha y estructural. Un mercado cuya demanda genera el Estado no es un mercado libre. Es la forma más cara de esa cercanía entre economía y política descrita más arriba, y quien primero lo dijo fue precisamente Eisenhower.

Cinco figuras, un mismo patrón

Puesto todo junto se ve que no hemos cambiado simplemente de bando —del mercado como culpable al Estado como culpable—. Lo que describimos es un mecanismo en varias figuras:

Se presenta comoA nuestro juicio actúa como
amor al prójimo (el altruismo de Comte)subordinación, forzada si hace falta
justicia («castigo altruista»)coacción como beneficio
protección del individuo (normativización total)represión de la desviación
seguridad (demanda generada por el Estado)mercado sin clientes voluntarios
cuidado (el Estado que se extralimita)cercanía entre economía y política

El denominador común es para nosotros: coacción que se hace pasar por protección, para retener un estado que una sociedad en realidad ya ha superado. El problema no son los principios de mercado, sino la intervención que congela artificialmente en una fase anterior un orden ya crecido. Donde eso ocurre, a nuestro juicio se agravan justamente los problemas que se dice querer resolver: pobreza, criminalidad y tensión social.

Y como esto se malinterpreta con facilidad: de ello no se sigue para nosotros ningún culpable ni ningún sistema mejor. Se sigue lo que dice el artículo de la enciclopedia: ninguna etiqueta está a salvo de este mecanismo; lo que protege de él es la madurez y la responsabilidad propia de las personas. No escribimos esto para asustar a nadie. Nos atenemos a una conclusión de nuestro propio trabajo académico: quien sólo estudia lo que fracasa nunca entenderá por qué algo sale bien.

De qué se trata para nosotros

Este artículo es una crítica de estructuras, no de personas, de partidos o de grupos. Argumentamos por convicción, no por miedo – y no queremos dar miedo a nadie. Nuestra medida queda la de la enciclopedia: voluntario en lugar de forzado, individual en lugar de colectivamente impuesto – y un buen sentido que crece desde dentro, porque no puede ordenarse.

El saber de fondo asegurado sobre este punto de vista: Colectivismo e individualismo.

Fuentes

  • Friedrich August von Hayek: Der Weg zur Knechtschaft (1944) und Die Anmaßung von Wissen (Nobel-Vortrag „The Pretence of Knowledge”, 1974) – zur These, dass planende Eingriffe die spontane Ordnung des Marktes stören. Nobel-Vortrag online
  • Tobias O. R. Alke: Ausgewählte Perspektiven des Altruismus. Kyborg Institut und Verlag, 2017. ISBN 978-3-96104-027-8 – u. a. zur „altruistischen Bestrafung” (Fehr/Gächter) und zum Kollektivismus-Begriff bei Comte. Eintrag Deutsche Nationalbibliothek
  • D. Harald Alke: Die Ethik des Neuen Menschen. Kyborg Institut und Verlag, 1993 (4. Auflage 2016). ISBN 978-3-924722-04-3 – zur Kritik an macht- und kontrollorientierten Konzernen. Eintrag Deutsche Nationalbibliothek
  • Dwight D. Eisenhower: discurso de despedida a la nación (17.01.1961) – el discurso que hizo célebre la expresión «complejo militar-industrial», pronunciado por un general y presidente saliente de EE. UU. Texto completo (Archivos Nacionales de EE. UU.)
  • C. Wright Mills: The Power Elite (1956) – sobre el entramado de política, economía y militares («élite del poder»).
  • Stefan Kühner: Die Tonkin-Resolution und der Tonkin-Zwischenfall (2004) – sobre el caso documentado de un motivo de guerra cuyo relato no resistió el examen posterior.
  • Tobias O. R. Alke: Bestrafung und Altruismus? Kyborg Institut und Verlag, 2016. ISBN 978-3-96104-024-7 – entre otras cosas, sobre quién está facultado para decidir cuando las pruebas de un supuesto acto de agresión dejan contradicciones abiertas. Registro de la Biblioteca Nacional de Alemania
  • Sebastian Heilmann: Policy Experimentation in China's Economic Rise (Studies in Comparative International Development, 2008) – zum Konzept „experimentation under hierarchy” / leitlinien- statt regelungsdichter Steuerung. Springer (DOI: 10.1007/s12116-007-9014-4)
  • Christian Science Monitor (03.06.2026): „Why climate scientists have dropped a worst-case scenario” – zur Streichung des Extremszenarios RCP8.5/SSP5-8.5 für den IPCC-Bericht AR7. Artikel
  • The Conversation (2026): „Scientists have scrapped the worst-case climate scenario – because action is making a difference”. Artikel
  • Carbon Brief: „Explainer – The high-emissions RCP8.5 global warming scenario” – Hintergrund zur Einordnung und Kritik des Szenarios. Explainer
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